Juventud drogada: porros y más porros
Se encontraba Tony Isbert haciendo teatro -no recuerda qué función- cuando se le presentó en el camerino un hombre junto a su hija entusiasmados por sus dotes interpretativas. Resulta que la niña de papá tenía el capricho de ser actriz y su padre pensó en pagarle una película y en contar con Isbert en la producción. Se encargó Tony de buscar director -ya había trabajado con Truchado y eran amigos-, de encontrar guionista para retocar un simple esbozo que le dieron, es decir, se encargó de buscarlo todo -según contó en una proyección en Filmoteca Española-.
La "joven promesa del cine" se convirtió, con Isbert, en la protagonista del filme: se puso Gloria Hayworth de nombre artístico y duró dos minutos en la profesión (esta película y dos cortos).
"Juventud drogada" debe ser vista valorando el contexto en que fue rodada: aprovechar el éxito de "Perros callejeros" (José Antonio De La Loma, 1977), y sobretodo, entender que era la etapa del destape. Porque no todo es malo en la película, las interpretaciones son horrorosas pero por cómo está contada entretiene, no aburre si se entra en la locura que están contando: engañar al hijo tonto de un farmacéutico importante y rico para así conseguir heroína gratis. Es ese, quizás, su único punto fuerte: que puede resultar ameno el visionado del filme, porque no es para tomársela en serio.
Así como luego otras películas del llamado "cine quinqui" sí tenían una identidad clara: Carlos Saura optó por reflejar una historia de amor dentro del universo juvenil y delincuente, Eloy de la Iglesia era sensacionalista pero lo era de verdad: si tenía que poner la imagen de alguien pinchándose lo hacía, no como en la de Truchado que parece un quiero y no puedo.
Porque otro aspecto del cine quinqui es la aparición de chavales de la calle, que lo han vivido y saben lo qué están contando de primera mano. Este aspecto se salvaría un poco si se recuerda que Isbert fue acusado de tráfico de drogas allá por 1978, un año después de rodar la película.
En definitiva, entendida como un producto de su tiempo y sin tomársela mucho en serio, la película gana aunque dentro del cine quinqui esto es más bien un chiste comparado con otros filmes de éste subgénero.
Extrema cinefilia
Opiniones, críticas de películas. Obsesión por el cine español. A veces escribo mejor, a veces peor, a veces no sé lo que digo, a veces sí...
jueves, 31 de mayo de 2018
miércoles, 30 de mayo de 2018
ENTREVISTA A MIGUEL DEL ARCO
Miguel del Arco: “El amor nos salvará”
El director teatral dirigió en 2016 su ópera prima: una radiografía oscura de lo que puede ser una familia
- ¿Por qué decidió incluir el mito de Las Furias en su ópera prima?
Porque los griegos eran unos tíos muy listos que se lo inventaron todo y en el siglo XXI no paramos de darle vueltas a las cosas que ellos ya transitaron de mil maneras. Se inventaron un mito, Las Furias, que viene a personificar el cargo de conciencia que tienes cuando haces algo en contra de la familia.
- En la película se respira cierto ambiente cercano al teatro, ¿quería que hubiera teatralidad en este filme?
Me hablaban de la teatralidad de Las Furias, que a mi es algo que me la suda. La teatralidad de Las Furias radica seguramente en el personaje de Pepe Sacristán pero porque fue un actor antiguo. Luego la película es cine, hablan mucho, a mi me gusta el cine donde se habla mucho.
- Por eso otro aspecto destacado de la película son los largos diálogos…
Claro ¿qué pasa con los diálogos? Con las películas de Woody Allen entonces ¿qué pasa? O las de Howard Hawks o Billy Wilder que tienen esos diálogos absolutamente brillantes, como Luna nueva que es como para aprendértelos de memoria o La fiera de mi niña.
- Es destacable la interpretación de José Sacristán, uno de los personajes más complejos del filme, un enfermo de Alzheimer que solo recita obras que él mismo interpretó en un pasado…
En la memoria del actor, la memoria de los textos anida en un sitio que es diferente al del habla, es una memoria física que tiene que ver con el espacio que transita, pero también con las emociones que habitan en la función que estás haciendo y hay veces que se queda grabado y por eso Leo (José Sacristán) era capaz de aplicar textos que tenían que ver con la acción o con una palabra.
- Es destacable cómo la lluvia aparece para frenar la felicidad como cuando Alberto San Juan se entera que su madre tiene novia…
En el momento en que se entera de esta cosa terrorífica solo ve en su madre esos ojos chispeantes y sin su madre decir nada él es capaz de leer y decir: Están liadas. ¿Que es una licencia poética? Sí, es decir, tenemos la obligación de transformar el ruido del mundo en poesía, y me ponía que cayera un chuzo.
- ¿Qué tipo de influencias tenía antes de hacer la película?, Puede recordar al Saura de Mamá cumple 100 años (1979), o Agosto (August: Osage County, John Wells, 2013)
No las tenía muy en cuenta, de Agosto me gustó mucho más ver el montaje como tal. Una película que sí que me parecía que tuvo más influencia es de Arnauld Desplechin y es Un cuento de Navidad (2013), una película familiar que tiene una parte muy oscura.
- ¿Por qué decide poner la escena de la violación en la playa?
Porque la pulsión de la muerte y la pulsión de la vida siempre están unidas y cuando alguien se muere la gente come mucho y folla más. Fue una escena difícil, ponía en mal lugar a Héctor (Gonzalo de Castro) y también al personaje de Emma Suárez, de que no dijera: “Esto no se puede hacer”; pero en las parejas pasan muchas cosas que no deberían pasar. Hay maltratos pero también hay momentos en los que tienes que sentir la empatía y decir: mi pareja está pasando por un momento terrible y lo comprendo.
- ¿Valoró si incluirla o no?, ya que puede resultar un tema delicado…
No hay evidentemente ninguna defensa de la violación, porque no puede ser de otra manera, pero no tengo ninguna obligación moral con las cosas que estoy haciendo, las cosas suceden en el mundo y el cine debe reflejar las cosas que suceden en el mundo, es decir, ¿que eso está bien o está mal? Ya llega tú a la conclusión.
- ¿Por qué decide hacer ese final, quería darle un respiro a esa familia y no hacer un final trágico?
Matar a la niña hubiera sido una tragedia, pero al final no quiero hacer una tragedia, la vida sigue y la gente cuando se trata de la muerte tiende a dar lo mejor de sí, yo confío mucho en la naturaleza del ser humano y quería que mi película lo reflejara, y hay mucho horror a lo largo de Las Furias pero yo creo que en el fondo hay una cosa que es: El amor nos salvará.
- Es un final catártico donde lo que menos importa es si hay o no verosimilitud…
Es un poco increíble pero el principio de verosimilitud también me lo paso por el arco del triunfo, es decir, no hay nada más inverosímil que la vida en general, o sea el principio de verosimilitud es que tú entres o no entres en lo que te están contando.
El director teatral dirigió en 2016 su ópera prima: una radiografía oscura de lo que puede ser una familia
- ¿Por qué decidió incluir el mito de Las Furias en su ópera prima?
Porque los griegos eran unos tíos muy listos que se lo inventaron todo y en el siglo XXI no paramos de darle vueltas a las cosas que ellos ya transitaron de mil maneras. Se inventaron un mito, Las Furias, que viene a personificar el cargo de conciencia que tienes cuando haces algo en contra de la familia.
- En la película se respira cierto ambiente cercano al teatro, ¿quería que hubiera teatralidad en este filme?
Me hablaban de la teatralidad de Las Furias, que a mi es algo que me la suda. La teatralidad de Las Furias radica seguramente en el personaje de Pepe Sacristán pero porque fue un actor antiguo. Luego la película es cine, hablan mucho, a mi me gusta el cine donde se habla mucho.
- Por eso otro aspecto destacado de la película son los largos diálogos…
Claro ¿qué pasa con los diálogos? Con las películas de Woody Allen entonces ¿qué pasa? O las de Howard Hawks o Billy Wilder que tienen esos diálogos absolutamente brillantes, como Luna nueva que es como para aprendértelos de memoria o La fiera de mi niña.
- Es destacable la interpretación de José Sacristán, uno de los personajes más complejos del filme, un enfermo de Alzheimer que solo recita obras que él mismo interpretó en un pasado…
En la memoria del actor, la memoria de los textos anida en un sitio que es diferente al del habla, es una memoria física que tiene que ver con el espacio que transita, pero también con las emociones que habitan en la función que estás haciendo y hay veces que se queda grabado y por eso Leo (José Sacristán) era capaz de aplicar textos que tenían que ver con la acción o con una palabra.
- Es destacable cómo la lluvia aparece para frenar la felicidad como cuando Alberto San Juan se entera que su madre tiene novia…
En el momento en que se entera de esta cosa terrorífica solo ve en su madre esos ojos chispeantes y sin su madre decir nada él es capaz de leer y decir: Están liadas. ¿Que es una licencia poética? Sí, es decir, tenemos la obligación de transformar el ruido del mundo en poesía, y me ponía que cayera un chuzo.
- ¿Qué tipo de influencias tenía antes de hacer la película?, Puede recordar al Saura de Mamá cumple 100 años (1979), o Agosto (August: Osage County, John Wells, 2013)
No las tenía muy en cuenta, de Agosto me gustó mucho más ver el montaje como tal. Una película que sí que me parecía que tuvo más influencia es de Arnauld Desplechin y es Un cuento de Navidad (2013), una película familiar que tiene una parte muy oscura.
- ¿Por qué decide poner la escena de la violación en la playa?
Porque la pulsión de la muerte y la pulsión de la vida siempre están unidas y cuando alguien se muere la gente come mucho y folla más. Fue una escena difícil, ponía en mal lugar a Héctor (Gonzalo de Castro) y también al personaje de Emma Suárez, de que no dijera: “Esto no se puede hacer”; pero en las parejas pasan muchas cosas que no deberían pasar. Hay maltratos pero también hay momentos en los que tienes que sentir la empatía y decir: mi pareja está pasando por un momento terrible y lo comprendo.
- ¿Valoró si incluirla o no?, ya que puede resultar un tema delicado…
No hay evidentemente ninguna defensa de la violación, porque no puede ser de otra manera, pero no tengo ninguna obligación moral con las cosas que estoy haciendo, las cosas suceden en el mundo y el cine debe reflejar las cosas que suceden en el mundo, es decir, ¿que eso está bien o está mal? Ya llega tú a la conclusión.
- ¿Por qué decide hacer ese final, quería darle un respiro a esa familia y no hacer un final trágico?
Matar a la niña hubiera sido una tragedia, pero al final no quiero hacer una tragedia, la vida sigue y la gente cuando se trata de la muerte tiende a dar lo mejor de sí, yo confío mucho en la naturaleza del ser humano y quería que mi película lo reflejara, y hay mucho horror a lo largo de Las Furias pero yo creo que en el fondo hay una cosa que es: El amor nos salvará.
- Es un final catártico donde lo que menos importa es si hay o no verosimilitud…
Es un poco increíble pero el principio de verosimilitud también me lo paso por el arco del triunfo, es decir, no hay nada más inverosímil que la vida en general, o sea el principio de verosimilitud es que tú entres o no entres en lo que te están contando.
martes, 8 de mayo de 2018
LA TUMBA DE LAS LUCIÉRNAGAS
La tumba de las luciérnagas: lucha por sobrevivir
En 1988 el director japonés Isao Takahata dirigió La tumba de las luciérnagas basada en una historia real extraída de
una novela con el mismo titulo de Akijuki Nasaka publicada en 1967. Las
experiencias del propio Nasaka sirvieron para que el director japonés dirigiese
veinte años después esta película que muestra cómo dos hermanos deben
sobrevivir en Japón, más concretamente en Köpe, después de que la madre de
estos muera tras uno de los bombardeos durante los últimos meses de la Segunda
Guerra Mundial.
La película presenta a dos hermanos, Seita y Setsuko, que deben buscarse la
vida y afrontar una situación límite como puede ser una guerra. Uno de los aspectos
más importantes a destacar es que se plantea el choque entre dos bandos: uno
formado por los dos hermanos que luchan ante la adversidad y el otro creado por
los adultos que tienen a su alrededor que los rechazan absolutamente y son
incapaces de ofrecerles su ayuda. Esto último se evidencia en varias partes de
la película, desde el ámbito familiar con la figura de la tía que no muestra
ningún ápice de sensibilidad y empatía hacia sus sobrinos, hasta en el caso del
granjero que le da una paliza a Seita o la figura del médico indiferente a la
desnutrición de Setsuko.
El hecho de encontrarse completamente solos les obliga a refugiarse en una
especie de mundo paralelo que se construyen por culpa de una sociedad que los
ignora, rechaza y que no es capaz de ayudarles lo más mínimo. Todo ese ambiente
obliga también a afrontar la pérdida de la niñez, el hecho de cómo esa
situación tan extrema les arrebata a esos niños la felicidad propia de esa edad
que tienen. Por ello, el filme muestra cómo se esfuerzan por conseguir momentos
de felicidad, que son de las escenas mas emotivas de todo el desarrollo de la
película, donde se evidencia un apoyo mutuo en el que hasta la hermana más
pequeña es consciente de las penurias que sufren y saca fuerzas para levantar
el ánimo de su hermano mayor.
Porque lo que hace Isako Takahata es realizar una radiografía de lo
miserable e indiferente que puede resultar el ser humano cuando este se
encuentra en una situación limite, en este caso en una guerra, y en una
situación así surge la idea de que solo interesa salvarse uno mismo, desaparece
la idea de ayudar a los demás.
El director opta por utilizar el color rojo para establecer cierta relación
con la muerte, como síntoma de que la muerte está acechando a los protagonistas
y ello se evidencia desde las primeras escenas de la película ya que el color
rojo está presente de forma destacable desde el entorno que les rodea hasta en
el pelo de los personajes y en el trozo de la sandía que tiene uno de los
protagonistas en una de las escenas más impactantes del filme.
El final de la película muestra cómo ni la guerra ni el caos que esta ha
generado ha podido con los dos protagonistas ni ha podido separarlos. El final
muestra una unión de hermandad más allá de la vida o de la muerte, un final
alegórico donde Japón ya ha podido evolucionar, superar la guerra, pero ellos
siguen ahí, solos y unidos al mismo tiempo, en su mundo solitario o paralelo
rodeados de luciérnagas.
martes, 13 de marzo de 2018
MAD MAX (FURIA EN LA CARRETERA)
Peleas en el desierto
Un hombre en
el desierto, con el único acompañamiento de un coche, se tortura tras los
sucesos que han ocurrido y que lo han dejado solo. Esta es la primera escena de
Mad Max: furia en la carretera (Mad
Max: Fast Road, George Miller, 2015), la cuarta entrega de esta saga que Miller
comenzó en los años 80. La primera escena ya plantea el parecido con un género
cinematográfico en concreto: el western. En los primeros planos de Por un puñado de dólares (Per un pugno di
dollari, Sergio Leone, 1964), aparece Clint Eastwood también solo, esta vez con
un caballo, por lo que se podría establecer un parecido entre ambas películas y
secuencias: a partir de una tranquilidad y silencio absoluto surge todo el
conflicto, es decir, la acción. Y es que Mad
Max tiene mucho de western, ya no solo porque transcurra -en muchos
momentos- en un desierto sino que hay luchas o persecuciones entre dos bandos,
algo muy propio del género en el que despuntó Leone.
George Miller
presenta un ambiente de lo que sería un mundo postapocalíptico, en el que
surgen una serie de necesidades, luchas, jerarquías sociales o esclavitud. Es,
en definitiva, una película con una serie de características muy propias del
cine de acción -y del western- donde el principal objetivo es generar la atención
del espectador y entretener.
martes, 13 de febrero de 2018
LA VIDA MANCHA (2003)
La vida pasa, la vida mancha
En la última
secuencia de Una historia verdadera (The
Straight Story, David Lynch, 1999) se produce el reencuentro de dos hermanos
que llevan años sin verse. En una de las primeras escenas de La vida mancha (Enrique Urbizu, 2003)
dos hermanos se encuentran tras tiempo sin haber sabido
uno del otro. Dos encuentros, dos escenas vacías de diálogo donde lo que prima
son sus miradas y no importa lo que antes haya podido ocurrir
entre ellos.
La vida mancha
refleja cómo la aparición de
una persona “extraña” puede alterar la vida y el estado
de la gente que tiene a su alrededor. La película muestra a Pedro (interpretado
por José Coronado) que llega a su lugar de origen después de un largo periodo de tiempo en el que poco
o nada se ha sabido de
él, solamente es necesario saber que tiene un hermano, Fito (Juan Sanz), y que
este tiene una mujer, Juana (Zay Nuba). Ya está presentado el posible triángulo
amoroso.
La
aparición después de muchos años de un individuo al que algunos conocen y otros
nada saben de él, puede recordar a filmes como La buena estrella (Ricardo Franco, 1997) donde la aparición del
personaje de Jordi Mollá llega a trastocarlo todo. La diferencia es que aquí
aparte de alterar el ambiente,
Coronado actúa como una especie de salvador, de ángel caído del cielo, que aparece para
salvar a su familia, por así decirlo, de una situación extrema.
Una adicción por el
juego es lo único -a simple vista- que une a los dos hermanos, porque no tienen
nada más en común. Pedro es calculador, tiene cierto toque de triunfador pero
tampoco lo es, oculto y transeúnte que va de un lado para otro. Por el
contrario, Fito es adicto, frágil, impulsivo, es
decir, todo lo opuesto a Pedro.
Coronado repite con
Enrique Urbizu tras protagonizar La caja
507 un año antes. La vida mancha
es casi por completo, José Coronado. Dota a su papel de una serenidad e intriga
a la vez, pero también tiene sitio para darle cierto toque de sentimiento y
dulzura al personaje. Porque La vida
mancha también es una historia de amor y fascinación, es uno de los temas
más importantes de la película: el deseo de formar una familia y de enamorarse.
Pedro va sin rumbo, y evidencia claros síntomas de falta de cariño y de un
hogar estable.
No es un filme de grandes diálogos, no
le hace
falta. Ni tan siquiera es una película de
actores conocidos -salvo la presencia de José Coronado- lo cual era necesario y daba más credibilidad según el director. Pese a ello, es
en sus escenas sin diálogo donde los personajes consiguen expresar más que si
lo contaran todo. No hace falta que lo cuenten, con
las imágenes basta porque Urbizu siente fascinación por el cine mudo y esa
característica es muy evidente también en esta cinta, es esa pasión que siente Urbizu por el séptimo arte en general lo
que está presente en todo momento durante el largometraje, porque para él el
cine es tan solo imágenes y sonidos, es decir, para él las películas mudas son
lo máximo, lo mejor.
La adicción al
juego, la soledad, el amor, el sufrimiento y el misterio son los temas más
destacados del filme de Urbizu con los que consigue crear un ambiente de
intriga durante todo el desarrollo de la cinta donde tampoco es que transcurran
demasiadas cosas, pero donde a los personajes les ocurre más de lo que parece.
En definitiva, una película de silencios, miradas y sufrimientos más que de
grandes diálogos que consigue generar la atención durante todo su desarrollo, y
que demuestra que la vida, entre otras cosas, también mancha.
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