martes, 13 de febrero de 2018

LA VIDA MANCHA (2003)


La vida pasa, la vida mancha

En la última secuencia de Una historia verdadera (The Straight Story, David Lynch, 1999) se produce el reencuentro de dos hermanos que llevan años sin verse. En una de las primeras escenas de La vida mancha (Enrique Urbizu, 2003) dos hermanos se encuentran tras tiempo sin haber sabido uno del otro. Dos encuentros, dos escenas vacías de diálogo donde lo que prima son sus miradas y no importa lo que antes haya podido ocurrir entre ellos.

La vida mancha refleja cómo la aparición de una persona “extraña” puede alterar la vida y el estado de la gente que tiene a su alrededor. La película muestra a Pedro (interpretado por José Coronado) que llega a su lugar de origen después de un largo periodo de tiempo en el que poco o nada se ha sabido de él, solamente es necesario saber que tiene un hermano, Fito (Juan Sanz), y que este tiene una mujer, Juana (Zay Nuba). Ya está presentado el posible triángulo amoroso.

La aparición después de muchos años de un individuo al que algunos conocen y otros nada saben de él, puede recordar a filmes como La buena estrella (Ricardo Franco, 1997) donde la aparición del personaje de Jordi Mollá llega a trastocarlo todo. La diferencia es que aquí aparte de alterar el ambiente, Coronado actúa como una especie de salvador, de ángel caído del cielo, que aparece para salvar a su familia, por así decirlo, de una situación extrema.

Una adicción por el juego es lo único -a simple vista- que une a los dos hermanos, porque no tienen nada más en común. Pedro es calculador, tiene cierto toque de triunfador pero tampoco lo es, oculto y transeúnte que va de un lado para otro. Por el contrario, Fito es adicto, frágil, impulsivo, es decir, todo lo opuesto a Pedro.

Coronado repite con Enrique Urbizu tras protagonizar La caja 507 un año antes. La vida mancha es casi por completo, José Coronado. Dota a su papel de una serenidad e intriga a la vez, pero también tiene sitio para darle cierto toque de sentimiento y dulzura al personaje. Porque La vida mancha también es una historia de amor y fascinación, es uno de los temas más importantes de la película: el deseo de formar una familia y de enamorarse. Pedro va sin rumbo, y evidencia claros síntomas de falta de cariño y de un hogar estable.

No es un filme de grandes diálogos, no le hace falta. Ni tan siquiera es una película de actores conocidos -salvo la presencia de José Coronado- lo cual era necesario y daba más credibilidad según el director. Pese a ello, es en sus escenas sin diálogo donde los personajes consiguen expresar más que si lo contaran todo. No hace falta que lo cuenten, con las imágenes basta porque Urbizu siente fascinación por el cine mudo y esa característica es muy evidente también en esta cinta, es esa pasión que siente Urbizu por el séptimo arte en general lo que está presente en todo momento durante el largometraje, porque para él el cine es tan solo imágenes y sonidos, es decir, para él las películas mudas son lo máximo, lo mejor.

La adicción al juego, la soledad, el amor, el sufrimiento y el misterio son los temas más destacados del filme de Urbizu con los que consigue crear un ambiente de intriga durante todo el desarrollo de la cinta donde tampoco es que transcurran demasiadas cosas, pero donde a los personajes les ocurre más de lo que parece. En definitiva, una película de silencios, miradas y sufrimientos más que de grandes diálogos que consigue generar la atención durante todo su desarrollo, y que demuestra que la vida, entre otras cosas, también mancha.







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