La vida pasa, la vida mancha
En la última
secuencia de Una historia verdadera (The
Straight Story, David Lynch, 1999) se produce el reencuentro de dos hermanos
que llevan años sin verse. En una de las primeras escenas de La vida mancha (Enrique Urbizu, 2003)
dos hermanos se encuentran tras tiempo sin haber sabido
uno del otro. Dos encuentros, dos escenas vacías de diálogo donde lo que prima
son sus miradas y no importa lo que antes haya podido ocurrir
entre ellos.
La vida mancha
refleja cómo la aparición de
una persona “extraña” puede alterar la vida y el estado
de la gente que tiene a su alrededor. La película muestra a Pedro (interpretado
por José Coronado) que llega a su lugar de origen después de un largo periodo de tiempo en el que poco
o nada se ha sabido de
él, solamente es necesario saber que tiene un hermano, Fito (Juan Sanz), y que
este tiene una mujer, Juana (Zay Nuba). Ya está presentado el posible triángulo
amoroso.
La
aparición después de muchos años de un individuo al que algunos conocen y otros
nada saben de él, puede recordar a filmes como La buena estrella (Ricardo Franco, 1997) donde la aparición del
personaje de Jordi Mollá llega a trastocarlo todo. La diferencia es que aquí
aparte de alterar el ambiente,
Coronado actúa como una especie de salvador, de ángel caído del cielo, que aparece para
salvar a su familia, por así decirlo, de una situación extrema.
Una adicción por el
juego es lo único -a simple vista- que une a los dos hermanos, porque no tienen
nada más en común. Pedro es calculador, tiene cierto toque de triunfador pero
tampoco lo es, oculto y transeúnte que va de un lado para otro. Por el
contrario, Fito es adicto, frágil, impulsivo, es
decir, todo lo opuesto a Pedro.
Coronado repite con
Enrique Urbizu tras protagonizar La caja
507 un año antes. La vida mancha
es casi por completo, José Coronado. Dota a su papel de una serenidad e intriga
a la vez, pero también tiene sitio para darle cierto toque de sentimiento y
dulzura al personaje. Porque La vida
mancha también es una historia de amor y fascinación, es uno de los temas
más importantes de la película: el deseo de formar una familia y de enamorarse.
Pedro va sin rumbo, y evidencia claros síntomas de falta de cariño y de un
hogar estable.
No es un filme de grandes diálogos, no
le hace
falta. Ni tan siquiera es una película de
actores conocidos -salvo la presencia de José Coronado- lo cual era necesario y daba más credibilidad según el director. Pese a ello, es
en sus escenas sin diálogo donde los personajes consiguen expresar más que si
lo contaran todo. No hace falta que lo cuenten, con
las imágenes basta porque Urbizu siente fascinación por el cine mudo y esa
característica es muy evidente también en esta cinta, es esa pasión que siente Urbizu por el séptimo arte en general lo
que está presente en todo momento durante el largometraje, porque para él el
cine es tan solo imágenes y sonidos, es decir, para él las películas mudas son
lo máximo, lo mejor.
La adicción al
juego, la soledad, el amor, el sufrimiento y el misterio son los temas más
destacados del filme de Urbizu con los que consigue crear un ambiente de
intriga durante todo el desarrollo de la cinta donde tampoco es que transcurran
demasiadas cosas, pero donde a los personajes les ocurre más de lo que parece.
En definitiva, una película de silencios, miradas y sufrimientos más que de
grandes diálogos que consigue generar la atención durante todo su desarrollo, y
que demuestra que la vida, entre otras cosas, también mancha.