jueves, 31 de mayo de 2018

Juventud drogada (José Truchado, 1977)

Juventud drogada: porros y más porros



Se encontraba Tony Isbert haciendo teatro -no recuerda qué función- cuando se le presentó en el camerino un hombre junto a su hija entusiasmados por sus dotes interpretativas. Resulta que la niña de papá tenía el capricho de ser actriz y su padre pensó en pagarle una película y en contar con Isbert en la producción. Se encargó Tony de buscar director -ya había trabajado con Truchado y eran amigos-, de encontrar guionista para retocar un simple esbozo que le dieron, es decir, se encargó de buscarlo todo -según contó en una proyección en Filmoteca Española-.

La "joven promesa del cine" se convirtió, con Isbert, en la protagonista del filme: se puso Gloria Hayworth de nombre artístico y duró dos minutos en la profesión (esta película y dos cortos).
"Juventud drogada" debe ser vista valorando el contexto en que fue rodada: aprovechar el éxito de "Perros callejeros" (José Antonio De La Loma, 1977), y sobretodo, entender que era la etapa del destape. Porque no todo es malo en la película, las interpretaciones son horrorosas pero por cómo está contada entretiene, no aburre si se entra en la locura que están contando: engañar al hijo tonto de un farmacéutico importante y rico para así conseguir heroína gratis. Es ese, quizás, su único punto fuerte: que puede resultar ameno el visionado del filme, porque no es para tomársela en serio.
Así como luego otras películas del llamado "cine quinqui" sí tenían una identidad clara: Carlos Saura optó por reflejar una historia de amor dentro del universo juvenil y delincuente, Eloy de la Iglesia era sensacionalista pero lo era de verdad: si tenía que poner la imagen de alguien pinchándose lo hacía, no como en la de Truchado que parece un quiero y no puedo. 
Porque otro aspecto del cine quinqui es la aparición de chavales de la calle, que lo han vivido y saben lo qué están contando de primera mano. Este aspecto se salvaría un poco si se recuerda que Isbert fue acusado de tráfico de drogas allá por 1978, un año después de rodar la película.
En definitiva, entendida como un producto de su tiempo y sin tomársela mucho en serio, la película gana aunque dentro del cine quinqui esto es más bien un chiste comparado con otros filmes de éste subgénero.

miércoles, 30 de mayo de 2018

ENTREVISTA A MIGUEL DEL ARCO

Miguel del Arco: “El amor nos salvará”

El director teatral dirigió en 2016 su ópera prima: una radiografía oscura de lo que puede ser una familia

- ¿Por qué decidió incluir el mito de Las Furias en su ópera prima?

Porque los griegos eran unos tíos muy listos que se lo inventaron todo y en el siglo XXI no paramos de darle vueltas a las cosas que ellos ya transitaron de mil maneras. Se inventaron un mito, Las Furias, que viene a personificar el cargo de conciencia que tienes cuando haces algo en contra de la familia.

- En la película se respira cierto ambiente cercano al teatro, ¿quería que hubiera teatralidad en este filme?

Me hablaban de la teatralidad de Las Furias, que a mi es algo que me la suda. La teatralidad de Las Furias radica seguramente en el personaje de Pepe Sacristán pero porque fue un actor antiguo. Luego la película es cine, hablan mucho, a mi me gusta el cine donde se habla mucho.

- Por eso otro aspecto destacado de la película son los largos diálogos…

Claro ¿qué pasa con los diálogos? Con las películas de Woody Allen entonces ¿qué pasa? O las de Howard Hawks o Billy Wilder que tienen esos diálogos absolutamente brillantes, como Luna nueva que es como para aprendértelos de memoria o La fiera de mi niña.

- Es destacable la interpretación de José Sacristán, uno de los personajes más complejos del filme, un enfermo de Alzheimer que solo recita obras que él mismo interpretó en un pasado…

En la memoria del actor, la memoria de los textos anida en un sitio que es diferente al del habla, es una memoria física que tiene que ver con el espacio que transita, pero también con las emociones que habitan en la función que estás haciendo y hay veces que se queda grabado y por eso Leo (José Sacristán) era capaz de aplicar textos que tenían que ver con la acción o con una palabra.

- Es destacable cómo la lluvia aparece para frenar la felicidad como cuando Alberto San Juan se entera que su madre tiene novia…

En el momento en que se entera de esta cosa terrorífica solo ve en su madre esos ojos chispeantes y sin su madre decir nada él es capaz de leer y decir: Están liadas. ¿Que es una licencia poética? Sí, es decir, tenemos la obligación de transformar el ruido del mundo en poesía, y me ponía que cayera un chuzo.


- ¿Qué tipo de influencias tenía antes de hacer la película?, Puede recordar al Saura de Mamá cumple 100 años (1979), o Agosto (August: Osage County, John Wells, 2013) 

No las tenía muy en cuenta, de Agosto me gustó mucho más ver el montaje como tal. Una película que sí que me parecía que tuvo más influencia es de Arnauld Desplechin y es Un cuento de Navidad (2013), una película familiar que tiene una parte muy oscura.

- ¿Por qué decide poner la escena de la violación en la playa?

Porque la pulsión de la muerte y la pulsión de la vida siempre están unidas y cuando alguien se muere la gente come mucho y folla más. Fue una escena difícil, ponía en mal lugar a Héctor (Gonzalo de Castro) y también al personaje de Emma Suárez, de que no dijera: “Esto no se puede hacer”; pero en las parejas pasan muchas cosas que no deberían pasar. Hay maltratos pero también hay momentos en los que tienes que sentir la empatía y decir: mi pareja está pasando por un momento terrible y lo comprendo.

- ¿Valoró si incluirla o no?, ya que puede resultar un tema delicado…

No hay evidentemente ninguna defensa de la violación, porque no puede ser de otra manera, pero no tengo ninguna obligación moral con las cosas que estoy haciendo, las cosas suceden en el mundo y el cine debe reflejar las cosas que suceden en el mundo, es decir, ¿que eso está bien o está mal? Ya llega tú a la conclusión.

- ¿Por qué decide hacer ese final, quería darle un respiro a esa familia y no hacer un final trágico?

Matar a la niña hubiera sido una tragedia, pero al final no quiero hacer una tragedia, la vida sigue y la gente cuando se trata de la muerte tiende a dar lo mejor de sí, yo confío mucho en la naturaleza del ser humano y quería que mi película lo reflejara, y hay mucho horror a lo largo de Las Furias pero yo creo que en el fondo hay una cosa que es: El amor nos salvará.

- Es un final catártico donde lo que menos importa es si hay o no verosimilitud…

Es un poco increíble pero el principio de verosimilitud también me lo paso por el arco del triunfo, es decir, no hay nada más inverosímil que la vida en general, o sea el principio de verosimilitud es que tú entres o no entres en lo que te están contando.



martes, 8 de mayo de 2018

LA TUMBA DE LAS LUCIÉRNAGAS


La tumba de las luciérnagas: lucha por sobrevivir

En 1988 el director japonés Isao Takahata dirigió La tumba de las luciérnagas basada en una historia real extraída de una novela con el mismo titulo de Akijuki Nasaka publicada en 1967. Las experiencias del propio Nasaka sirvieron para que el director japonés dirigiese veinte años después esta película que muestra cómo dos hermanos deben sobrevivir en Japón, más concretamente en Köpe, después de que la madre de estos muera tras uno de los bombardeos durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.

La película presenta a dos hermanos, Seita y Setsuko, que deben buscarse la vida y afrontar una situación límite como puede ser una guerra. Uno de los aspectos más importantes a destacar es que se plantea el choque entre dos bandos: uno formado por los dos hermanos que luchan ante la adversidad y el otro creado por los adultos que tienen a su alrededor que los rechazan absolutamente y son incapaces de ofrecerles su ayuda. Esto último se evidencia en varias partes de la película, desde el ámbito familiar con la figura de la tía que no muestra ningún ápice de sensibilidad y empatía hacia sus sobrinos, hasta en el caso del granjero que le da una paliza a Seita o la figura del médico indiferente a la desnutrición de Setsuko.

El hecho de encontrarse completamente solos les obliga a refugiarse en una especie de mundo paralelo que se construyen por culpa de una sociedad que los ignora, rechaza y que no es capaz de ayudarles lo más mínimo. Todo ese ambiente obliga también a afrontar la pérdida de la niñez, el hecho de cómo esa situación tan extrema les arrebata a esos niños la felicidad propia de esa edad que tienen. Por ello, el filme muestra cómo se esfuerzan por conseguir momentos de felicidad, que son de las escenas mas emotivas de todo el desarrollo de la película, donde se evidencia un apoyo mutuo en el que hasta la hermana más pequeña es consciente de las penurias que sufren y saca fuerzas para levantar el ánimo de su hermano mayor.

Porque lo que hace Isako Takahata es realizar una radiografía de lo miserable e indiferente que puede resultar el ser humano cuando este se encuentra en una situación limite, en este caso en una guerra, y en una situación así surge la idea de que solo interesa salvarse uno mismo, desaparece la idea de ayudar a los demás.

El director opta por utilizar el color rojo para establecer cierta relación con la muerte, como síntoma de que la muerte está acechando a los protagonistas y ello se evidencia desde las primeras escenas de la película ya que el color rojo está presente de forma destacable desde el entorno que les rodea hasta en el pelo de los personajes y en el trozo de la sandía que tiene uno de los protagonistas en una de las escenas más impactantes del filme.

El final de la película muestra cómo ni la guerra ni el caos que esta ha generado ha podido con los dos protagonistas ni ha podido separarlos. El final muestra una unión de hermandad más allá de la vida o de la muerte, un final alegórico donde Japón ya ha podido evolucionar, superar la guerra, pero ellos siguen ahí, solos y unidos al mismo tiempo, en su mundo solitario o paralelo rodeados de luciérnagas.