martes, 8 de mayo de 2018

LA TUMBA DE LAS LUCIÉRNAGAS


La tumba de las luciérnagas: lucha por sobrevivir

En 1988 el director japonés Isao Takahata dirigió La tumba de las luciérnagas basada en una historia real extraída de una novela con el mismo titulo de Akijuki Nasaka publicada en 1967. Las experiencias del propio Nasaka sirvieron para que el director japonés dirigiese veinte años después esta película que muestra cómo dos hermanos deben sobrevivir en Japón, más concretamente en Köpe, después de que la madre de estos muera tras uno de los bombardeos durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.

La película presenta a dos hermanos, Seita y Setsuko, que deben buscarse la vida y afrontar una situación límite como puede ser una guerra. Uno de los aspectos más importantes a destacar es que se plantea el choque entre dos bandos: uno formado por los dos hermanos que luchan ante la adversidad y el otro creado por los adultos que tienen a su alrededor que los rechazan absolutamente y son incapaces de ofrecerles su ayuda. Esto último se evidencia en varias partes de la película, desde el ámbito familiar con la figura de la tía que no muestra ningún ápice de sensibilidad y empatía hacia sus sobrinos, hasta en el caso del granjero que le da una paliza a Seita o la figura del médico indiferente a la desnutrición de Setsuko.

El hecho de encontrarse completamente solos les obliga a refugiarse en una especie de mundo paralelo que se construyen por culpa de una sociedad que los ignora, rechaza y que no es capaz de ayudarles lo más mínimo. Todo ese ambiente obliga también a afrontar la pérdida de la niñez, el hecho de cómo esa situación tan extrema les arrebata a esos niños la felicidad propia de esa edad que tienen. Por ello, el filme muestra cómo se esfuerzan por conseguir momentos de felicidad, que son de las escenas mas emotivas de todo el desarrollo de la película, donde se evidencia un apoyo mutuo en el que hasta la hermana más pequeña es consciente de las penurias que sufren y saca fuerzas para levantar el ánimo de su hermano mayor.

Porque lo que hace Isako Takahata es realizar una radiografía de lo miserable e indiferente que puede resultar el ser humano cuando este se encuentra en una situación limite, en este caso en una guerra, y en una situación así surge la idea de que solo interesa salvarse uno mismo, desaparece la idea de ayudar a los demás.

El director opta por utilizar el color rojo para establecer cierta relación con la muerte, como síntoma de que la muerte está acechando a los protagonistas y ello se evidencia desde las primeras escenas de la película ya que el color rojo está presente de forma destacable desde el entorno que les rodea hasta en el pelo de los personajes y en el trozo de la sandía que tiene uno de los protagonistas en una de las escenas más impactantes del filme.

El final de la película muestra cómo ni la guerra ni el caos que esta ha generado ha podido con los dos protagonistas ni ha podido separarlos. El final muestra una unión de hermandad más allá de la vida o de la muerte, un final alegórico donde Japón ya ha podido evolucionar, superar la guerra, pero ellos siguen ahí, solos y unidos al mismo tiempo, en su mundo solitario o paralelo rodeados de luciérnagas.


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